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Agorafobia
La agorafobia es el miedo a frecuentar determinados lugares, sobretodo espacios abiertos.
Si has desarrollado esta fobia por culpa de un trastorno de ansiedad, puedes utilizar esta sección de nuestro foro de ansiedad para despejar tus dudas.

Moderadores: LuisCortes, Rampage

 #6338  por luisalb
 Jue, 17 Jul 2014, 13:39
Os dejo un extracto del libro mas allá del miedo de Giorgio Nardone, en este caso trata una paciente con agarofobia con resultado breves y eficaces. Puedes utilizar el mismo estrategia para salir de tu ansiedad.

Una patología que puede parecer a primera vista igual a la del miedo a estar solo es la relativa a alejarse solo. La diferencia entre los dos tipos de trastorno, que a veces se suman o se superponen, reside en el hecho de que, por lo que concierne al segundo tipo, no es suficiente trabajar solo sobre la dependencia de los demás, sino que se hace necesario conducir al sujeto a superar concretamente los límites en el alejamiento de los lugares seguros que el miedo le impone.
Llegó a mí una joven parisina acompañada por su madre que manifestó una casi total incapacidad para alejarse de los lugares seguros. Su forma de temor se transformaba en pánico cada vez que consideraba el lugar seguro demasiado alejado para volver a él en el caso del advenimiento de su miedo paralizador. En el primer encuentro, después de haber indagado en detalle todas las soluciones intentadas hasta entonces sin éxito por ella y por sus familiares para resolver el problema, se le administró junto con la “reestructuración del miedo a la ayuda“, la siguiente prescripción:

Muy bien, creo que deberíamos tener una medida lo más rigurosa posible de tus límites; por tanto, quiero que de aquí a la próxima cita cada día midas efectivamente tu límite. A este fin cada día a la misma hora sal con tu madre o con tu chico y dirígete a un lugar con espacios amplios y largas calles; una vez allí, deja a la persona que esté contigo en el punto más visible; luego aléjate caminando hasta el punto en que empieces a tener miedo; una vez allí detente. No debes ir en absoluto más allá. Solo quiero que midas tu límite. Gírate hacia el punto seguro y antes de regresar espera un minuto, durante el cual quiero que te concentres en observar y medir, anotando en un cuaderno todas tus reacciones de ansiedad y miedo, así podrás referírmelo. Después de esto, antes de encaminarte para regresar allí donde se encuentra la persona que está contigo, das diez pasos caminando hacia atrás; hecho esto, vuelve al punto de partida. Cada día repites este ejercicio en diferentes lugares y en distintas direcciones, así conoceremos tus límites y si éstos se mantienen o cambian.

Como comprenderá el lector, esta prescripción es solo aparentemente una indagación cognoscitiva, puesto que representa ya una importante intervención terapéutica. En la siguiente cita, la joven contó que había realizado de manera meticulosa su tarea, describiéndola así:

Todos los días fui en coche con mi madre o con mi chico a un punto de la ciudad donde hay una plaza y grandes calles que convergen en ella, dejé a la persona y me alejé hasta


que el miedo comenzaba a hacerse sentir. Me di cuenta de que estoy en condiciones de alejarme mucho más de lo que creía y, además, con los días la distancia se ha incrementado. Pero lo más sorprendente fue que, cuando permanecía quieta, tenía miedo de sufrir un ataque de pánico, pero escuchándome, tratando de sentir mi ansiedad, sentía que ésta no crecía; es más, me sentía decididamente tranquila. También he dado siempre los diez pasos hacia atrás, sin ningún temor, pero trataba de hacerlos de un modo no demasiado evidente porque me daba vergüenza. En efecto, un par de veces me ha ocurrido que algunas personas me miraron de una manera extraña.

Después de haber redefinido junto con la paciente los efectos de esta prescripción, proseguí pidiéndole que continuara con el mismo ejercicio, con una sencilla variante:

Dado que lo has hecho tan bien, cada vez habrás llegado a tu límite, y tengo curiosidad por saber si siempre es el mismo o si cambia; deberás esperar dos minutos observando tus reacciones, después de lo cual darás cincuenta pasos hacia atrás más allá de tu límite y luego volverás allí donde la persona te espera.

En la siguiente sesión contó que las cosas habían ido aún mejor que la vez anterior y que, en realidad, sus límites se habían ampliado mucho, que el miedo nunca se había presentado. El único problema había sido dar los cincuenta pasos hacia atrás porque le daba vergüenza. Por consiguiente, había puesto en práctica una pequeña variante. Había empezado a caminar hacia atrás al superar el límite y luego se había girado, pensando que en caso de miedo se pondría de nuevo a caminar hacia atrás. Pero esto nunca había sucedido.
Me congratulé con la joven por su simpática variación sobre el tema y, sobre todo, por las capacidades expresadas al seguir al pie de la letra mis consignas, y proseguí como sigue:


Como en el circo los ejercicios se hacen gradualmente más complicados, de aquí a la próxima sesión quiero que hagas algunos añadidos a tus tareas anteriores: esta vez, una vez que hayas llegado al límite diario, deberás permanecer quieta durante cinco minutos, siempre tratando de comprobar tus reacciones, después de lo cual los pasos hacia atrás o hacia adelante, como tú prefieras, más allá del límite, deberán ser esta vez cien.

Dicho esto la paciente me hizo una observación en verdad curiosa, considerada la situación inicial: me preguntó si, al alejarse de su acompañante, podía doblar también las esquinas y cambiar de calle y dirección, puesto que ahora ella se alejaba tanto que era difícil encontrar en la ciudad calles tan largas que le permitieran la completa ejecución de la tarea de manera rectilínea.


Aprovechando esta solicitud, le respondí que de ahora en adelante tendría una completa libertad para manejar sus alejamientos. Y añadí que si quería podría comenzar a alejarse sola incluso directamente desde casa, sin ir a buscar lugares como los designados en un principio. A la cuarta sesión la paciente contó que había hecho el ejercicio partiendo siempre desde su casa, para no molestar a su chico o a su madre. Añadió también que estaba muy sorprendida por las distancias que había recorrido, puesto que se había dado cuenta de que en cada ocasión permanecería fuera más de media hora. Por último, dijo que nunca había caminado hacia atrás, pero que había ido más allá del límite de la aparición del temor caminando naturalmente hacia delante. Haciendo esto había observado que, cuando se detenía durante cinco minutos para comprobar sus reacciones, el temor se desvanecía y, por tanto, estaba en condiciones de proseguir más allá del límite sin ningún problema y sin tener que realizar el extraño ritual de caminar hacia atrás. Es más, también contó que, a veces, una vez que había ido cien pasos más allá de su límite había sentido el deseo de ir aún más allá.
Después de estos informes la evolución de la terapia fue, sencillamente, la de pedirle que continuara con sus alejamientos, deteniéndose cada vez en el punto donde el temor surgiera para evaluarlo hasta que desapareciera, para luego proseguir más allá del límite a su voluntad.


Después de dos semanas, la joven dijo con entusiasmo que había pasado sus mejores días desde que apareciera su patología, siete años antes, puesto que se había movido libremente por París, manifestando sólo algunos momentos de leve temor, que enseguida desapareció después de evaluarlo. Se había sentido por primera vez liberada del miedo y capaz de afrontarlo con éxito. En este punto, como es importante hacer en estos casos, se le explicó en detalle a la paciente qué se había hecho con ella, comentando los tipos de estratagemas utilizados para conducirla a recuperar sus recursos personales y la confianza en sus capacidades. A la siguiente cita, después de un mes, volvió sola, sin ningún acompañante. ¿Qué mejor prueba podía haber de su curación que llegar de París a Arezzo sin tranquilizadoras compañías? []
En las posteriores sesiones de control mostró su completa rehabilitación posterior, contando que incluso había hecho sola algunos agradabilísimos viajes.
 #6370  por esteban
 Sab, 19 Jul 2014, 20:47
Hola Luis.
Interesante lo que compartes.
Tendrias alguna referencia bibliografica mas especifica?, lei algo sobre Giorgio Nardone, pero si tienes algo mas te agradeceria lo compartas.
Saludos.
 #6407  por luisalb
 Dom, 21 Sep 2014, 14:24
aqui te dejo el libro completo mas alla del miedo

tambien dejame dejarte una enseñanza amigo.



Hola amigos quisera compartirles un tema muy central en el budismo y en muchas filosofías que es la impermanencia de las cosas.
Recuerda amigo que todo es impermanente, nada dura para siempre, ni tus pensamientos, ni tus emcociones, todas son transitorias, medita en ellos y asi aprenderás a fluir en la vida, recuerda como estabas antes contento, feliz y ahora que pasa estas obsesionado con tus problemas pero eres tú el que los esta cargando todavía la vida te hace fluir, puedes soltarlo a cada momento, pero erés tu el que aun mantiene tu molestia, asi que entiende esto que todo es impermamente asi disfrutaras la vida, verás las cosas con calma y tranquilidad.

La impermanencia es un tema central del Budismo. El Budismo nos enseña ecuanimidad en medio del cambio y cómo responder más sabiamente a la impermanencia. En las últimas palabras de Buda, “Todas las cosas condicionadas son transitorias. Esfuérzate con diligencia.”

La impermanencia es un tema central en muchas religiones, aunque a menudo está asociada con sufrimiento. En estos casos, se sugiere que el fin del sufrimiento se puede lograr elevándose por sobre el mundo de la temporalidad. Buda asumió de una forma diferente el sufrimiento al descubrir que el sufrimiento no es intrínseco al mundo de temporalidad sino que el sufrimiento ocurre cuando nos apegamos. Una vez dejamos de estar apegados y tratando de escapar de ese sino que es el mundo transitorio, el sufrimiento terminará.

En efecto, es posible hallar belleza y comodidad en un mundo de cambio, y encontrar nuestra liberación en medio de la impermanencia. Podemos minimizar el apego con darnos cuenta lo transitorias que son las cosas a las que nos apegamos. Luego podemos empezar a ver qué tan fútil es buscar una felicidad duradera en esas cosas que son transitorias, o podemos examinar más detenidamente las razones por las que nos apegamos.

Podemos entender la impermanencia en una de las tres formas. Primero, hay una forma obvia de ver la impermanencia. Vemos que todas las cosas cambian. Vemos enfermedad, vejez y muerte. Vemos el cambio de las estaciones y del clima, de la sociedad y nuestras emociones. Podemos aprender a relajarnos en una experiencia al darnos cuenta que es transitorio, o podemos dejar de resistirnos al cambio y darnos cuenta que es inevitable. Podemos aprender a tener compasión reconociendo que todos los seres están sujetos a la enfermedad, vejez y muerte. No obstante, este entendimiento de la inevitabilidad de la impermanencia no lleva necesariamente a creer en ella. Aunque podemos reconocer que otros mueren, puede que no creamos en nuestro propio final.

La segunda forma de entender la impermanencia es por medio de la comprensión, con la observación directa de la naturaleza de las cosas. El Budismo nos ayuda a abrirnos a este menos perceptible entendimiento de la impermanencia. Al practicar una profunda y concentrada circunspección, logramos ver dentro del momento a momento, ir y venir de todas las cosas. Empezamos a ver que todas las cosas, incluso esas cosas que parecen constantes, están en constante cambio. Con esta visión de temporalidad viene la comprensión que es fútil el aferrarse a algo ya que todas las cosas vienen y van en la existencia. Además, empezamos a ver que nos apegamos a ideas y conceptos en vez de cosas reales y experiencias. Por ejemplo, podemos pensar que nos apegamos al dinero cuando de hecho nos apegamos a nuestra idea de lo que el dinero nos traerá o hará por nosotros.

Finalmente, podemos entender la impermanencia como un camino a la liberación. Una vez seamos capaces de ver la impermanencia claramente, empezamos a ver que a nada de lo que existe nos podemos apegar. Con esto en mente, empezamos a relajarnos y a ver la realidad ante una luz más fluida. Esto además puede liberarnos. De acuerdo con Ajahn Chah, “Si dejas ir un poco, tendrás un poco de paz. Si dejas ir mucho tendrás mucha paz. Si dejas ir completamente, tendrás paz completa.”

Última reactivación por doccumes22 en Dom, 21 Sep 2014, 14:24