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Relata tu experiencia con la ansiedad

Moderadores: LuisCortes, Rampage

 #5047  por Eulora
 Vie, 16 May 2014, 03:43
Muy buenas y gracias por leer.

La siguiente es mi historia con la ansiedad, una historia que todavía no ha terminado, pero espero que, con paciencia y tiempo, acabe mejorando.

Hace poco más de un año, en el trabajo, me encontré mal por primera vez. Otras veces había tenido mareos, aparentemente bajadas de tensión a las cuales no había dado importancia. Pero ese día fue diferente. Estaba esperando el relevo para ir a descansar, y cuando faltaban pocos minutos para ello, empecé a ponerme muy nerviosa, a agobiarme sin ningún motivo aparente. Las luces y los sonidos del entorno comenzaron a molestarme, me sentía irritable, y empecé a marearme, a temblar, a tener sudores fríos alternados de mucho calor, y obviamente, el corazón se me disparó por el miedo a todos estos síntomas desconocidos. Aguanté hasta que vinieron a darme el relevo, apenas pasaron unos minutos pero se me hicieron eternos. Entonces, cuando llegué a una "zona segura", lejos de los clientes, me derrumbé en el suelo, llorando, nerviosa, y con algunos compañeros a mi lado preocupados. De ahí me fui a urgencias, y me dieron dos diazepan para relajarme, me comprobaron el ritmo cardíaco, pero no había nada anormal. Los días posteriores seguí con análisis, pero todo estaba bien en mi cuerpo, así que dejé de preocuparme. La semana siguió con normalidad, hasta que un día volví a tener las mismas sensaciones, que se hicieron semi-permanentes. Día tras día pasaba un par de horas nerviosa, temblando, preguntándome qué estaba ocurriendo. No entendía nada, y más miedo pasaba.

Decidí que quizás era el trabajo, en el que llevaba muchos años pero no me sentía valorada profesionalmente, aunque el ambiente me gustaba y por norma me sentía a gusto. Además, mi médico quiso darme la baja, y a mi no me parecía bien faltar al trabajo por una enfermedad fantasma, si bien ya me habían mencionado que podía ser ansiedad o depresión. Hasta ese momento, estas enfermedades a mi me parecían ficción, y me parecía irreal que pudiera ocurrirme porque siempre he sido muy positiva, cualquier cosa me alegraba el día, no sentía que me faltara nada. Aún así... pensé que tal vez un cambio de aires me vendría bien y dejé el trabajo unas pocas semanas después. En los días posteriores, me sentía más liberada, pero duró poco y la ansiedad regresó. Creo que, sin exagerar, estuve los dos meses siguientes con crisis de ansiedad todos los días. Acababa agotada, pero al mismo tiempo, empezó a darme miedo dormir. Mis horarios de sueño estaban todo lo desiquilibrados que podrían haber estado... No lograba despertarme a una hora decente, por tanto, las comidas también eran cuando me convenía. Apenas salía a la calle: el simple hecho de hacer la compra se había convertido en una Odisea.

El primer mes, creo que pasé más tiempo en urgencias que en el resto de mi vida. La solución siempre era la misma: diazepan y de vuelta a casa. Yo me sentía morir con cada ataque, y aunque intentaba escuchar música relajante, controlar mi respiración, etc, no conseguía detener esos brotes. En aquel momento vivía con un amigo, que varias veces tuvo que faltar al trabajo para quedarse conmigo, o volver para luego llevarme a urgencias. Por suerte, cuando vi que si me hacía falta, mi amigo o mi novio acudían, dejé de preocuparme tanto por estar sola y comencé a llevar mis ataques mejor.

Al poco tiempo, mi novio vino a vivir conmigo, para ayudarme, y la situación era más o menos la misma. La diferencia es que mi pareja disponía de más tiempo, así que su compañía resultaba más reconfortante.

Al mismo tiempo, tenía que lidiar con la desconfianza de mi madre ante esta enfermedad. Diferentes médicos ya habían declarado que padecía un trastorno de ansiedad, pero mi madre pensaba que simplemente eran cosas de la edad (aclaro que esto me empezó con 25 años -actualmente tengo 27), que no tenía ganas de trabajar, y que se me pasaría. Con el tiempo, y sobretodo tras presenciar un ataque que tuve en un restaurante, comenzó a preocuparse. Juntas buscamos un psicólogo que pudiera ayudarme, pero mi seguro médico pedía expresamente que antes debía visitar a un psiquiatra. La experencia no me resultó satisfactoria, y a día de hoy creo que podría haberme ahorrado un mes de tratamiento que sólo me hizo sentir peor. Esto ocurrió tres meses después de dejar mi empleo... La psiquiatra enseguida me recetó unos antidepresivos, y yo siempre les he tenido pánico a las pastillas, pero me veía tan mal que pensé que si un profesional me las aconsejaba, no podría ser peor de lo que ya estaba pasando. Sobretodo me convencí de tomarlas, porque había empezado a tener pensamientos obsesivos de los cuales me avergonzaré el resto de mi vida. Ahora sé, que cada persona es un mundo, y no nos afectan a todos de la misma manera según que depresivos nos den. Tal vez a otros los funcionen, y con mi experiencia no quiero que tengáis miedo de seguir los patrones que vuestros médicos os indiquen.. pero yo pasé dos horribles semanas al empezar con los antidepresivos, y otras dos aún peores tras dejarlas sin consultar con nadie (esto fue fallo mio). Quizás, si hubiera superado el primer mes tomándolas correctamente, me habrían hecho el efecto que se esperaba, pero a mi me multiplicaron los miedos y los síntomas físicos por diez, y prefería tener mis crisis habituales, a las que padecía con las pastillas.

Después de esta experiencia, cambié de psiquiatra, buscando uno que informara a mi seguro de que necesitaba terapia psicólogica. Si bien este también me recetó otros antidepresivos (que no tomé), me pasó con una psicóloga, y seguí en terapia con ella durante un par de meses. Por desgracia, mi seguro consideró que yo no era apta para ser su cliente, y me rescindieron el contrato a mitad de las sesiones que habíamos programado. Cabe destacar que llevaba en ese seguro desde lo 18 años y jamás había necesitado nada, más que simples análisis o consultas generales. En fin... En esos dos meses de terapia me sentía mejor. Empecé a salir más a la calle, aunque seguía sin relacionarme con mis amigos de siempre. Ya no me costaba ir a hacer la compra, e incluso aguanté toda una sesión en el cine con mi pareja, cosa que en su momento me parecía impensable. Lo único que hacía con la psicóloga en realidad, era hablar. Me ponía algunas pautas, o me brindaba consejos, para intentar hacer una vida normal. Me animaba a salir a pasear, aunque no tuviera ganas, y a ver cada pequeño paso como un gran logro.

De hecho, en cuanto tenga oportunidad económica, me gustaría retomar las sesiones, una vez al mes almenos, para desahogarme y hablar con alguien que entienda bien por lo que estoy pasando, porque a veces siento que mi madre, o mi pareja, aunque me quieren y ya saben que esto es real, no me entienden completamente, y tengo miedo a que se harten de mi, de mis momentos de bajona y de mis temores irreales.

En varias ocasiones, por ejemplo, y aún lo hago, pienso que es mi pareja la que me hace sentir mal. Sobretodo cuando discutimos. Me enfrento a esas situaciones como víctima, y enseguida pienso que no me entiende por discutir conmigo. Luego, cuando ya vuelvo a ser yo misma, entiendo que las discusiones son normales, y que no se pueden evitar aunque yo me encuentre mal.. de hecho, me disgustaría que me trataran con condescendencia. O cuando mi madre trata de animarme para retomar mi vida laboral, en lugar de entender que lo dice para que vuelva a ponerle un ritmo lógico a mi vida, yo lo interpreto como un reproche, o como que le quita importancia a lo que me pasa y a mis miedos de ir a trabajar y encontrarme mal, y quedar mal con jefes y compañeros... Y una vez más, pensándolo en frío, me doy cuenta que una vez más me vuelvo víctima de esto y es lo que no quiero, porque sé que en el fondo, soy más fuerte que todo esto, y soy capaz de decidir, en lugar de que la ansiedad lo haga por mí. Pero es muy difícil cuando se está en la "semana mala", como yo la llamo.

Actualmente, llevo 6 meses sin tocar un diazepan, exceptuando una noche mala que tuve hará un mes. Lo único que me estoy planteando es tomar alguna pastilla para dormir, porque aunque con mucho esfuerzo a veces logro pasar una semana entera despertandome temprano y acostándome a horas decentes, un día sin más me quedo desvelada y se arruina todo mi horario otra vez.

Intento tomarmelo todo con más calma. Antes me preocupaba lo de despertarme tarde, o no poder dormir. Me ponía nerviosa y me sentía angustiada. Ahora, aunque hay muchas noches en las que me vuelven las taquicardias, trato de hacer vagar mi mente hacia pensamientos más bonitos, por ejemplo centrándome en la historia de algún libro que he leído, y me doy cuenta que consigo relajarme con más facilidad, y en lugar de tardar 5 horas en dormir, tardo sólo una.

Lo mismo cuando empiezan a rondarme pensamientos negativos, como qué será de mi en el futuro, temas económicos.. si podré ser madre algún día (que era mi mayor sueño pero ahora, en estas condiciones, me da un poco de miedo)... pues intento sacar esos pensamientos de mi cabeza y centrarme en otras cosas, en fantasías, en películas, en sueños, en recuerdos de mi infancia... Eso sí, creo que de cuando en cuando hay que hacer caso a los pensamientos negativos, dedicarles un rato en un momento tranquilo para pensar fríamente en ellos y darse cuenta de que no son más que tonterías. A mi eso me ayuda bastante, para perderles el miedo.

En cuanto a los síntomas físicos, cada vez me preocupan menos. Cuando comprendí porqué ocurrían, les di un sentido y aunque no pueda hacer que desaparezcan de inmediato, me dan menos miedo. Por ejemplo, por si puede ayudar... ahora sé que las taquicardias es que simplemente mi cuerpo está bombeando más sangre porque percibo que hay algún peligro al que enfrentarse. Yo sé que el peligro no es real, pero entiendo que mi cuerpo tarde un rato en darse cuenta también, para volver a relajarse. Lo mismo con los sudores, o los temblores... todo son reacciones lógicas del cuerpo, aunque realmente no esté pasando nada para que tenga que prepararse. Me consuela pensar que físicamente estoy bien.. sería más preocupante que hubiera algún peligro, y mi cuerpo no se pusiera alerta ;) Y en cuanto a la mente, supongo que con paciencia, tiempo y constancia, los pensamientos y los miedos se pueden controlar. A mi, por desgracia, tengo claro que me falta constancia.

Muchas veces, en los momentos malos, me pregunto si esto me acompará toda la vida. También me pregunto porqué me ha tenido que pasar a mi... pero mirando el lado positivo, almenos sé que si esto le pasa a alguien cercano a mi entorno, podré ayudarle y comprenderle... porque la comprensión creo que es lo que más nos falta a los que sufrimos este trastorno.

Lo que más me fastidia de todo esto, yo diría que es la falta de motivación para las cosas que antes más nos gustaban. Aunque yo siempre he sido más de estar en casa, tranquila viendo la tele o leyendo un libro, así que tampoco noto mucha diferencia respecto a salir por ahí.. pero en lo referente a relaciones sociales, sí que me he alejado de todo el mundo. He perdido muchas amistades por culpa de esto, y a la hora de conocer a otras personas, me da miedo que conozcan esta parte de mi y me rechacen.

Debo decir, que también he vuelto a trabajar. Es una toma de contacto más bien, porque es a tiempo parcial, un par de veces por semana. Llevo ya un par de meses y pasado el primer mes estoy mucho más tranquila y siento que podría tener un trabajo a jornada completa. A veces me siento un poco incómoda trabajando, me da cierto temor encontrarme mal delante de desconocidos, pero al mismo tiempo creo que, simplemente por verguenza, soy capaz de controlar mi estado mucho mejor que, por ejemplo, estando en casa con mi pareja.

Con esto quiero animar a las personas que están pasando por esto. Intentad mirar las cosas buenas del día a día. Y que podrá haber épocas peores, pero no son enternas. Lo primero es entender lo que nos pasa, porque no siempre podemos entender porqué nos pasa... de ahí, trabajar para paliar los síntomas y evitar los pensamientos que nos dañan.. al fin y al cabo, la mente es de lo más poderoso en este mundo, y nos creémos todo lo que nos decimos a nosotros mismos. Si nos creémos capaces, por tanto, de sobrellevarlo y superarlo, al final podremos hacerlo realmente.