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Relata tu experiencia con la ansiedad

Moderadores: LuisCortes, Rampage

 #7911  por Invitado
 Jue, 05 Feb 2015, 12:15
Hola a todos.
De alguna manera he ido a dar con este foro, un lugar que recoge las experiencias de la gente ante situaciones que pese a la diversidad de estresores nos acaban haciendo sentir de forma parecida.

Realmente no comprendo bien qué es exactamente lo que hace que escribiendo en estos sitios me disminuya la ansiedad, quizá el entretenimiento de buscar buenas palabras, el placebo de ser comprendido por impersonales textos que vienen y van en un tiempo relativo... Pero aquí estoy, decidido a compartir mi experiencia con quien quiera leerla y expectante de conocer opiniones sobre lo que parece que se presenta como un texto largo que muy posiblemente no valla a leer nadie.

Mi experiencia con la ansiedad:
Yo, comencé mi vida en un uso de razón donde mi entorno era inocente, hacía lo que los niños deberían hacer en cualquier generación, respetaba a mis mayores, aprendía de mi curiosidad, de mi planeta, tuve una infancia muy feliz donde no me faltó jamás de nada, siempre viviendo en la humildad más mediocre, sin lujos ni caprichos fuera de lo normal, muy feliz y risueño.

Me sorprendía cada día el conocer y conocer, saber y saber, las ciencias, las artes... para mi el mundo era un lugar lleno de posibilidades y yo unas manos dispuestas a crear de todo.
A la edad de 9 años el mundo artístico me consumía el tiempo, la mente y la energía, me fascinaba cómo yo, siendo simplemente yo, podía tener la capacidad de crear música y componer canciones, imprimar en folios mis pensamientos con un lápiz y una goma y, en definitiva, hacer medible y físico todo lo que al cerrar los ojos veía.
Pasé mi adolescencia inmerso en aprender y aprender, en investigar y construir mi propia técnica para hacer y distribuir mi mundo interior al resto de la gente y experimentar sus reacciones, tocar los límites de mi imaginación y crecer al margen de lo que por esa edad la gente hacía.
Sin saberlo estaba generando unas carencias que más tarde se convertirían en fuertes autismos y escaramuzas con el mundo.

Escribí canciones, grabé discos, compuse música, fuí monitor de acrobacias, profesor de artes marciales, pinté cuadros, tuve mi propia discográfica y todo con a penas 20 años...
Había empezado a vivir, claramente, lo tenía todo, absolutamente todo lo que se puede tener, estaba realizado, mi familia siempre estuvo unida, progresaba en mis estudios y estaba enamorado con correspondencia. No me podían ir mejor las cosas.

Hubo un tiempo en el que todo comenzó a volverse lineal, se empezaba a generar en mi un circulo de confort que alimentaba mi forma de vivir, donde antes sentía motivación por ser diferente ahora sentía desprecio a lo diferente, donde antes había intriga ahora había miedo, donde antes incertidumbre ahora preocupación, donde antes curiosidad, ahora celos...

Mucho de lo que pasó a partir de este momento fue en gran medida responsabilidad de la persona que tenía al lado, alguien inestable, incompasiva, una consumidora nata de la energía positiva de sus allegados, alguien que para sonreír debía tener una jarra de lágrimas que beber, y me comencé a distanciar de todo cuanto había hecho y de todas las cosas por las que mi personalidad era como era.
Cuando no tuvo nada más que consumir de mi fue a por mis sentimientos, como un parásito que necesita la sangre de otros para vivir, nadie tuvo la culpa, los sentimientos son como son y no podemos controlarlo, pero en algún rincón de su mente, cuando esa relación que comenzó siendo niños no pudo dar más de si, decidió no aceptarlo y lanzarnos al avispo de la destrucción implacable de las infidelidades, los engaños y los cuchillos silábicos sin botiquines cerca.

Acostumbrado a mi vida con esa persona, al día a día y la maraña que suponía lidiar siempre con la incertidumbre normalicé mi autodestrucción y cobardía al no ser yo tampoco capaz de romper con esa cotidianidad que siempre encontraba excusas lógicas a lo que sucedía tuviera la magnitud que tuviera, por que de alguna manera siempre la razón y el motivo de todo era alguna inmadurez mía.

En esa "estabilidad" y tras haber perdido totalmente mi identidad, mi negocio, mis estudios y reducir mi proyecto de vida a una cajita del chino y cuatro cintas ajadas con canciones de los 90s tomé la mejor y peor decisión de toda mi vida, me alisté en LaLegión.
Como mi padre antes que yo y mi abuelo antes que él, y como mis tíos, como mis tres tíos, tradición familiar sin lugar a duda, algo en mi apellido me arrastraba irrefrenablemente a vivir esa experiencia, claro que si, no podía morirme sin decir que yo también estuve, quería poder cantar esas canciones que mi abuelo ponía en el coche cuando yo era pequeño y él aún estaba entre nosotros donde salían hombres muy hombres cantando por el honor y la guerra, por el amor y la distancia.

Y sin casi darme cuenta, como si echamos una película hacia delante un momento, me encontré en una formación vestido de verde con un fusil en el hombro imponiendo a las gradas mientras pasaba debajo de la bandera de España para ofrecer un beso simbólico. Nunca creí en un ideal u otro, nunca he tenido un corazón político, esos actos me los tomé siempre como meros protocolos. Pero allí estaba.

Sufri, como el resto de mis compañeros un desgaste físico exagerado, vivi en agujeros bajo una tela rota, comí las hojas de los arbustos que pude agarras con mis manos y anduve durante kilómetros solo con un mapa y una brújula. Pasé hambre, frío, calor, miedo y soledad, pero estaba cumpliendo con mi objetivo, llegar a ser.

Llegué a ser, por fin el alta Legionaria, por fin me puse el chapiri, no hubo un día mas glorioso para mi, mi hermano, mi padre, mi madre... Todos allí viendo como vestía el Sarga y desfilaba tan peculiar...

Construí una vida en torno a eso, en torno a ser militar, a ser Legionario, dejé todo atrás, todo excepto mi cáncer, todo excepto ella.
Yo había cambiado, ella no, yo quería ser, ella no, yo perdonaba y ella lo sabía.

Amaneció, un día de permiso, un buen día, un día muy bonito, me levanté, me perfilé la barba, me repasé el pelo con la máquina, me aseé bajé a la calle, conduje tranquilo hasta la consulta de mi médico, le comenté que sentía una ansiedad indescriptible cuyo origen se había gestado en el cuartel, una ansiedad que me estaba haciendo tornar mi personalidad violenta e indolente y que no quería seguir por ese camino. El médico me recetó unos ansioliticos y unos relajantes para dormir, le di las gracias y volví a casa. De repente todo se redujo a una decisión, a un pensamiento puntual, una frase que me impulsó a tomar medidas en mi vida, reaccioné.
Al entrar en casa decidido a terminar con esa relación dañina cuyas palabras eran de odio y cuyas caricias se hacían con guantes de esparto encontré evidencias tales que corroboraron mi iniciativa, pero no fue nada fácil, hasta el punto de usar de forma desmedida y totalmente consciente esa receta del médico para acabar con todo con un solo gesto.
Bloqueé la habitación y me relajé en la cama.

Despierté en el hospital, aturdido, bomitando un asqueroso líquido negro. Lo siguiente es el coche de mi cabo, obligándolo a parar para volver a vomitar y pedir una camiseta por alguna extraña razón que tampoco recuerdo.
Y de vuelta en mi cama, solo, sin nadie. pasaron las horas, los días... Nadie
Desperté una mañana con mi Cabo, mi Subteniente, y mi Capitán, hablaban de trasladarme a Madrid con mis padres, y de todo aquello recuerdo que al final volví a Madrid con mis padres como había ordenado el Capitán.

En Madrid, sin esa mujer que me consumió durante casi una década comencé a encontrar viejos recuerdos, pude limpiar el polvo de los viejos micrófonos y encender antiguos ordenadores para pasar un rato de vergüenza personal escuchado mi preadolescencia en forma de canciones, tantos sueños incumplidos y opiniones errantes.

¿Y si quizá mi personalidad no era correcta, y si quizá todo había sido por culpa de mi forma de ser? me retraje a mi época de diferencias, donde no hacía lo que los demás hacían por que yo no quería ser así y corregí ese pensamiento, comencé a salir por las noches, a hablar como el resto, a reirme de lo que a los demás le hacía gracia, a conocer otra gente, gente con conocimientos infinitos de lo que es malo y que rigen sus vidas, drogas, alcohol... Aunque siempre con una distancia de seguridad personal ante todo eso por que no calaba en mi, repudié todo aquello con más fuerza si cabía y reafirme mi personalidad, mi yo, mi ego, mi autoestima y sin darme cuenta volví a despertarme cada mañana con una sonrisa en la boca.

Los psicólogos habían echo bien su trabajo.

En una etapa absolutamente zen apareció en mi camino una preciosa muchacha, jovial, alegre con ganas de vivir y curtida en una relación anterior, alguien a quien se le habían secado las lágrimas de tanto llorar por la persona de su lado, alguien vivaz, inteligente y curiosa, alguien que hablaba en mi idioma, alguien que sentía en mi idioma.

Emprendí un proyecto de vida DE VERDAD con ella, después de todo hasta ese momento no supe lo que era vivir en pareja, realmente en pareja, no supe lo que era el amor de verdad ni lo que una comunicación elocuente y veraz aporta al intelecto y la fuerza de la pareja, estaba enamorado a un nivel emocional superior a mi experiencia, sentía verdaderamente que esta chica sería el amor de toda mi vida, mi compañera.

Hemos pasado de todo, enfrentamientos con sus padres, incomprensión de su entorno, del mío, hemos perdido la noción del tiempo en pisos diáfanos, hemos dormido en casas rodeadas por el mar, hemos salvado vidas, dos vidas, hemos tenido celos, pasión, comprensión y hemos secado nuestras lágrimas... Hemos creado música, poesía, hemos cumplido sueños y ayudado a tenerlos, lo hemos sido todo y aún no sabemos cuando dejaremos de serlo.

La realidad se sirve a veces sin cubiertos para comerla, el ejercito no me ayudó nunca a superar aquello, me dio la espalda por completo, y el paro se terminó, construimos una vida en una ilusión, y nos obligamos a ponerle fin a este idilio circunstancial, tuvimos que buscar trabajo y comenzar a contar los días para todo, a seguir horarios y a esclavizarnos como el resto de la gente, Yo había servido en LaLegion de una forma extrema, merecía de forma moral que mi país me devolviera el cuidado, me había jugado mi vida por que haya en el mundo derechos de los que yo disponía con solo haber nacida aquí, pero no, por lo visto nunca nada es suficiente.

Encontré trabajo hace unos días y todo lo superado, la ansiedad, el trastorno de adaptación y las largas noches de lágrimas en los ojos por razones desconocidas que ni mi cabeza emitía, han vuelto, con mucha más fuerza por que ahora tengo cosas importantes que perder, ya no son cuatro cintas ajadas en una caja, ni viejos archivos de ordenador, no son canciones de adolescente ni recuerdos físicos que por perderse no mueren... Ahora son cosas importantes de verdad, un hueco en su cuello cuando me da miedo mirar el mundo, un bobo perro y una abandonada perra que dar de comer, un hogar levantado con la herencia de mi abuelo cuyo alquiler hay que pagar, una manta para no pasar más frío, un saco de arroz para no volver a pasar hambre y una belleza exótica que cuidar para jamás, jamás volver a sentirme solo.

Cuatro días me ha durado ese trabajo, mi ansiedad, mi... minusvalía aparece y se vuelve algo más contra lo que luchar, y para esta lucha ser legionario no me ha ayudado, no me han adiestrado para disparar a las emociones ni para hacer prisionera la razón, no me han enseñado como acuchillar un pensamiento ni tampoco como ahogar el miedo.

Ahora puedo decir que si, yo he sido Legionario, un bravo y valiente legionario, pero antes de eso he sido y soy un ser humano con un miedo terrible a todo cuanto le rodea.
Última reactivación por doccumes22 en Jue, 05 Feb 2015, 12:15